VIEJAS: la menopausia y sus derivas pasadas y futuras en clave autoetnográfica
- josefinabrown
- 4 nov 2025
- 2 Min. de lectura
I-

A los 40 años tuve la que supe que sería mi última hija. Durante el año posterior empecé a atravesar una serie de dolores y cambios en la temperatura corporal que me llamaron la atención.
En pleno posparto amamanto a demanda, trabajando full time (nunca tomé licencia) y a cargo de otra hija de 6 años integrándose en un nuevo colegio y haciendo varios síntomas– por nombrar algunas de las pocas cosas sucediéndose de manera simultánea- no sabía bien a qué atribuir esas modificaciones corporales.
No dormía, comía mal y a las apuradas, no podía hacer ejercicio físico y, obviamente, estaba muy estresada. Todo eso podía ser o alguna de esas cosas. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, mi trabajo corporal previo me permitió detectar que había algo más. El desarrollo de la propiocepción no había sido en vano. Y ahí, google corroboró mi hipótesis: estaba atravesando la perimenopausia.
Cuando lo leí, de forma muy anti intuitiva, fui invadida por una alegría sorpresiva (sólo igualada por el momento en que por fin me divorcié). Esa felicidad me duró menos de lo que hubiera querido ya que pronto me enteré que no era instantáneo, que igual que en el divorcio, el proceso sería largo y no siempre simple ni lineal.
Yo había asociado menopausia con no tener más hijos/as y como ya no quería tenerlos/as pensé que – más allá de las its – tenía un tema menos por el que preocuparme.
Lo que yo no había tenido tan presente y por eso, luego comencé a pergueñar el ciclo Pensarnos entre mujeres fue el hecho de que, visto desde afuera, la cuestión de la menopausia aparecía como la disminución de la valía social, ya bastante decaída, para nosotras, las mujeres o, más directamente su (nuestra) muerte social.
Hablo de eso como si no fuera mí a quien me ocurriera porque opongo una firme resistencia a ser vista de esa manera aunque lo primero que dijo mi ginecóloga de entonces, una mujer muy joven cuando la alerté de mi sospecha fue: “sos muy joven todavía, no puede ser”.
Inmediatamente una alarma se encendió en mí.
Josefina Brown (todos los derechos reservados)



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