Interrogar las formas de resolver los conflictos sociales
- josefinabrown
- 28 sept 2025
- 3 Min. de lectura
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¿Es el ámbito penal y su esquema de víctimas y victimarios una forma adecuada para pensar y resolver conflictos?” es la pregunta que abre el libro “Los feminismos en la encrucijada del punitivismo” que hace unos años compilaron y publicaron Deborah Daich y Cecilia Varela
Como dije hace poco a raíz de otros eventos estoy convencida de que lo más potente que tienen las ciencias sociales, sociología incluida, es la capacidad de hacer preguntas. Interrogar al mundo es la primera forma de no darlo por sentado. De no pensar que las cosas pasan ineludiblemente de una manera y que no hay chances de que ocurran de otra.
Pero a veces, cuando los eventos se hallan tan naturalizados que parecen ser parte de nuestra piel se nos ocurre que la única manera de resolver cualquier conflicto es polarizar y elegir un bando. Por supuesto, siempre aquel que consideremos bueno en contraposición con el malo, ese que en lo posible, convendría, al parecer, exterminar.
No es de otra manera que se arman y se argumentan las guerras: alguien poseedor de una verdad ligada a la bondad – por caso la defensa de los derechos y la democracia enarbolada por ese gran país del norte de esta América – ataca, mata y atropella los derechos, incluso a la vida de esos Otros, para fundar su verdad y su “bondad” en ese nuevo territorio. Mata, destroza, canibaliza, empobrece, viola – literal y simbólicamente- a esos/as Otros/as y todo queda justificado en el hecho de que los buenos matan a los malos si los “malos” no consienten someterse a los buenos y sus “bondades”.
Y aunque todos/as sabemos, pensamos e incluso sentimos que no es tan así y que hay cosas que no se pueden justificar bajo ningún punto de vista no nos oponemos con vehemencia a este tipo de acciones que miradas en una guerra parecen inalcanzable para sujetos/as de a pie pero que bien podríamos pensar en términos más cercanos, como por ejemplo el robo a una persona de parte de otra.
Esa es una escena que nos queda más cerca – aunque a veces y justo por eso más nos cueste mirarla-. La mente entrenada en el esquema dictómico clásico va a enlazar directamente a la buena persona robada frente a la mala ladrona. Por consiguiente va a pedir castigo sobre esa persona mala para que aprenda a ser buena.
Dicho en esos términos abstractos difícilmente alguien discutiría la afirmación pero los robos, como las guerras y todo lo demás, no ocurre en términos abstractos sino en otros bien concretos y terrenales. Acaece, por ejemplo, que una persona se sube al colectivo y va leyendo cosas en su celular cuando sin que se de cuenta otra, rápidamente lo toma y se baja del colectivo con ese objeto de valor con el que huye rápidamente y nadie puede encontrarlo. Luego, lo venderá a alguien que lo comprará por unos pesos porque le sirve para su negocio donde lo venderá a un precio mayor en donde lo pagará otra persona que no puede comprar uno nuevo en un local “legal”. Y entonces, empieza ya a aparecer que en la escena no hay dos personas sino ya al menos 4 de las que tres ganan algo y una pierde algo. Incluso, podríamos pensar que la misma persona que fue robada antes compró ese celular a una persona que se la había comprado a una persona que lo había “robado” (en este caso lo entrecomillo porque ya en esta hipótesis es difícil distinguir quién roba a quién).
A posteriori, la persona damnificada (la que fue robada en el colectivo) recurre a la policía como parte del sistema de justicia y esta da con la persona que robó. La última será condenada – probablemente yendo a la cárcel- y operará, creemos, cierta justicia: hay una consecuencia para quien actúo de un modo que no aprobamos socialmente.
Lo que esta justicia no considera es las eventuales injusticias previas que operaron y fueron construyendo los eventos que condujeron a que esa persona robara. Y tampoco ciertas injusticias que también operarán durante y después.
No voy a hacer tal desarrollo ya que además todo podría ser, como suelo decir, un poco más simple y más complejo. Aquí sólo quiero dejar planteada algunas preguntas: ¿Qué se castiga? ¿Sirve el castigo? ¿A quién le sirve si es que sirve? ¿se puede mirar la escena sin reducirla a una dicotomía entre víctima y victimario en la cual la víctima es buena y el victimario malo?
¿Hay otros modos de ponernos de acuerdo en qué acciones o conductas no vamos a permitir? ¿Qué determina lo que permitimos o no permitimos socialmente? ¿qué determina lo más allá de no permitir castigamos o no socialmente?
J.L.B., interrogando la realidad para que podamos ofrecer otro tipo de respuestas lejos de las estereotipadas
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