Mujeres y salud, la salud de las mujeres
- josefinabrown
- 12 mar 2025
- 4 Min. de lectura

por Josefina Brown, Pensar(nos) entre mujeres. Grupo de encuentro y reflexión intergeneracional.
Este fue el tema sobre el que navegamos ayer durante dos horas con las increíbles mujeres que ya son parte de Pensar(nos) entre mujeres. Grupo de encuentro y reflexión intergeneracional. Y apenas pudimos empezar porque tiene mucha tela para cortar. Las mujeres llegamos a la medicina y a las ciencias de la salud echadas, ninguneadas, arrebatado nuestro saber. Y una vez dentro somos o bien invisibilizadas, inferiorizadas o controladas, como en la vida social misma.
Hasta que la ciencia médica comenzó a edificarse las mujeres formábamos parte fundamental de ese edificio del conocimiento. En la antigüedad habían médicas, parteras, curanderas. Mujeres que ejercían la medicina de su época con hierbas, brebajes, aceites y demases realizados con los elementos de la naturaleza y la alquimia que conocían. Fue a ellas, aunque no sólo, a quienes se eliminó por brujas, porque por pensar(se), reflexionar y construir conocimiento que se transmitía de manera intergeneracional. Y poco a poco los varones fueron ocupándose de la salud de manera exclusiva y durante mucho tiempo, excluyente con conocimiento construido a partir de los métodos científicos derivados de las ciencias físico – químicas y biológicas, lo que popularmente se conoce como “el método científico” (aunque no hay sólo un método científico pero de eso, hablaré en otro post). De esa manera, los métodos de conocimiento derivados de las experiencias de las mujeres y corroborados por años de práctica efectiva y conocimientos transmitidos generaciones tras generaciones a partir de un enorme linaje de mujeres fueron ninguneados y desterrados al silencio. Es parte de lo que ahora comienza a (re) emerger como medicina ancestral o natural en distintas vertientes: las rondas de sanación con plantas, la medicina aryuvédica, la fitoterapia y un largo etcétera.
Desterradas las mujeres del cuerpo de conocimiento médico en el momento de su edificación éste tomó la forma del que se declaró como norma y medida de todas las cosas: el de los varones. Se estudiaron sus enfermedades y su cuerpo como modelo contra el cual se contrastaron las diferencias de las mujeres. Y así nacimos, para la medicina, deficientes, carentes, en falta, una representación que se extendió o se amalgamó sinérgicamente con lo que ya ocurría en otros ámbitos. En el de la salud: nuestros genitales fueron pensados como los de los varones pero invertidos, por ejemplo, y nuestra participación en la función reproductora de la especie como mero receptáculo de un embrión – feto sin ninguna productividad, toda ella, según la ciencia, aportada por los varones “productivos”. Fue ese obstáculo epistemológico el que, entre muchas otras cosas, demoró tanto el descubrimiento de los ovarios en el tiempo.
En terreno el socio-político ocurrió de manera similar, de allí también habíamos sido excluídas por nuestra carencia o deficiencia de razón en función de nuestra enorme cercanía con la naturaleza, eso que se quería y aún se quiere controlar a partir de la ciencia y la cultura. La posibilidad de gestar nos acercaba a la naturaleza y nos alejaba de la cultura y fue lo único que las ciencias de la salud miraron en nosotras como propio del colectivo de las féminas, no equiparable ni comparable a los varones. Y lo hicieron sólo para controlarlo a partir de la medicalización, transformando hechos fisiológicos observables como el embarazo y el parto en enfermedades sujetas a estricto control médico. Y así, lo que estaba en manos de las mujeres sabias pasó, en muy poco tiempo, a manos del saber experto de la ciencia ocupada por varones.
Concentradas todas las miradas sanitarias sobre la cuestión reproductiva nuestra salud integral quedó relegada a ser una mala copia de las investigaciones, pruebas y ensayos clínicos realizados en varones. Nuestros dolores y padecimientos no han revestido aún suficiente importancia para la ciencia médica como para formar parte de investigaciones o ensayos clínicos y van alargando la lista de enfermedades crónicas que afectan nuestra calidad de vida: fibromalgia, endometrosis, dolores y malestares vinculados con la mestruación. Enfermedades conocidas como las cardiop
atías son diagnosticadas más tarde y con peor pronóstico para nosotras porque no se conocen/difunden los síntomas diferenciales entre varones y mujeres y porque se desestiman las señales de alarma que nosotras reportamos (que son diferentes a las de nuestros pares varones). Y, además, se tratan con los mismos fármacos que en los varones cuando, en muchos casos, éstos resultan ineficaces en las mujeres.
Esto fue una parte mínima de la introducción a Pensar(nos) entre mujeres, el grupo de encuentro y reflexión intergeneracional coordinado por Josefina Brown
Fuentes y referencias:
AAVV (2025), Percepción, conocimiento y conductas preventivas sobre enfermedad cardiovascular en mujeres argentinas. Rev. Fed. Arg. Cardiol. [Internet]. 2022 Jun. 30 [cited 2025 Mar. 12];51(2):68-77. Available from: https://revistafac.org.ar/ojs/index.php/revistafac/article/view/411
Brown, Josefina (2014), Mujeres y ciudadanía en Argentina. Debates teóricos y políticos sobre derechos (no) reproductivos y sexuales (1990- 2006), Teseo, buenos aires.
Federici, Silvia (2004), El Calibán y la bruja. Caza de brujas y mujeres, tinta limón ediciones
Tájer, Débora (2006), mujeres y enfermedad cardiovascular. Género y subjetividad en la construcción del riesgo en enfermedades cardiovasculares en mujeres jóvenes”, en Anuario de Investigaciones, Facultad de Psicología- UBa
Valls-Llovet, Carme (2009), Mujeres, salud y poder, Madrid: ediciones cátedra



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